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ESA LLAMA MILENARIA, LA POESÍA
Danilo Sánchez Lihón
(Perú)
¡Desde la explosión del mundo, hace cinco mil millones de años, en que una gigantesca bola de cristal hecha de materia ígnea estalla y se expande en miles de fragmentos ardientes, pasaron otras decenas de millones de años hasta que esos elementos fueron formando estrellas y planetas lejanos ordenándose luego en galaxias, a partir de lo cual, en un pequeño corpúsculo sideral, volvieran a pasar miles de millones de años para que se fueran separando poco a poco las aguas de las rocas y nacieran los mares estupefactos. Y pasaron nuevamente muchos miles de años para que en alguna playa embrujada brotase un corpúsculo tembloroso: la vida incipiente
Se conformaron los vegetales y emergió algún día la primera rosa extasiada. Tiempo después diversas criaturas deambulaban en esa calma ensimismada después de la primera conflagración que se desatara. Sucumbieron los dinosaurios debido a una glaciación polar que asoló esa esfera planetaria.
Y hay el registro en una ladera de Sumatra, en la lava de un volcán sellada luego por el deslizamiento de otras capas terráqueas, del paso de una caravana asombrosa que huía de las candelas y cenizas de esa cólera desatada por la naturaleza. En esa caravana delante iban los leopardos, detrás leones y panteras. Luego los osos y elefantes. Se nota en el barro petrificado las huellas de las caravanas de búfalos y bisontes. Y finalmente, en este documento milenario sobre el suelo del planeta, unas pisadas leves, casi aladas de la primera pareja humana, con las plantas de sus pies nítidas pero como elevándose de la tierra estremecida.
No éramos los primeros, sino los últimos. Delante iban los poderosos: las fieras animales, soberbias e implacables, que frente a su hambre el hombre podía ser apenas un aperitivo despreciable. Iban delante los reyes del universo en aquel tiempo. El hombre iba detrás. Cabe imaginar que después de él ya no había nadie. Hubieran estado las aves y los peces, pero éstos tenían su propio universo dichoso y primigenio, y aquellas eran más dotadas que el hombre: volaban.
Pero esa pareja yo creo que iba detrás no solo porque era más débil y menos aventajada, o porque el leopardo que iba a la cabeza de ese desfile lo hubiera devorado al instante, sino que por otra razón demoraban su paso, porque encontró a la rosa del camino y voltearon ambos la mirada y ante ella se hicieron la pregunta que hasta ahora los descendientes de esa pareja antediluviana nos hacemos sin respuesta que nos satisfaga, cual es: ¿Qué significa la rosa? ¿A qué corresponde tremendo misterio?
En esa mirada y en esa pregunta, en ese instante de la huida a la vera del camino, ante el asombro de algo inútil pero lleno de claves secretas, ante el enigma de la rosa impoluta que es la otra orilla de la explosión y el incendio, a despecho de la caravana de seres poderosos y cuidadosos de la vida que huían a buscar refugio, nace la poesía que es una pregunta sin respuesta, riesgo supremo sin explicación posible, que es probablemente sólo estupefacción y orfandad infinita, quizá un flechazo de lo sagrado solo para esa pareja rezagada y no sé si asustadiza o valerosa.
Ahí nace el vuelo del espíritu, ahí el Hombre deja su materia física y sensible, su condición terrena para ser lo que es: ave, vuelo prodigioso, idea, trascendencia hacia otros universos, quizá el mayor aquel hueco interior de su asombro y su silencio que hasta ahora no cesa de llenar. Ante esa mirada, ante esa pregunta, teniendo detrás el volcán en llamas y en el interior del alma otra rosa extasiada que se alza, nos acercamos piadosos y reverentes, temblorosos y esperanzados al misterio de lo que es la poesía.
En el transcurso de millones de años es asombroso cómo cada día siguen abriéndose rosas y continúa el hombre buscando el sentido, lleno de un aroma nuevo, a esa flor. Con lo que quiero decir que es una victoria cómo brota la poesía, que ahora es un torrente. ¡Cómo aflora, fluye y mana! ¡Cómo surge, crece y estalla esta llama, candela o fuego que no se cansa, que nunca se apaga, que siempre está viva y sobresale, aveces por un resquicio que se abre para luego irse haciendo incendio que ilumina o lumbre que protege y abriga.
O bien ventana, puerta, palacio o catedral en donde mora o habita el ser no solo del poeta que lo originó, sino de una grey que por esa luz gana sentido para su vida, sentido que frecuentemente ocurre que guía a toda una generación que vive bajo ese hálito, impulso o brillo. Y, a veces, ese influjo alcanza a toda una generación de hombres sino que involucra a toda una época de la historia humana como ocurrió con Homero, el Dante y, ahora, con César Vallejo.
Y hay otro hecho asombroso en el cual quisiera que pudiéramos pensar un momento: ¿No es sorprendente cómo es que un breve poema chino o persa, inca o maya, tan leve formalmente como el más delicado pétalo de una flor, perviva desde hace decenas de siglos cuando las demás obras humanas han caído desmoronadas por el espacio y el tiempo, sean ejércitos, imperios, ciudades enteras y hasta continentes que se han hundido y cada día se deteriora más su memoria mientras el poema o la voz del poeta que lo expresó no solo pervive sino que amanece fresco y radiante cada mañana? Y aletea y se agita con toda su vibración, tanto que es capaz de transformarnos en otros?
Es una gracia y un don, además, que sea la poesía la elegida (no sé si solamente por el Hombre o hay un carácter sagrado implícito en todo ello) y ser adoptada para expresar la totalidad de sentimientos, emociones y pensamientos. Porque hay muchos otros discursos o formas expresivas a la mano para expresar esto o aquello, pero es la poesía la más amplia, la más general y la matriz de donde surgen las otras, aparte de ser la más íntima, la más confidente y la más personal.
Es la que va adelante ahora. Porque la poesía desde antiguo es la única que no se ha especializado en nada. Ella misma no es una especialidad. Es la única manera de enfrentarse al mundo y a la realidad que desde los tiempos originales permanece completa e íntegra, la única que no se ha dividido en funciones particulares dando lugar a las especialidades. No hay poetas especialistas en tal o cual realidad. Ellos son todo.
Y es que el poeta al crear el poema ha hecho un esfuerzo inmenso y sobrehumano de concentrar belleza, para arrojar esa especie de bombas al mundo e irlo mejorando y embelleciendo. Para ello el poeta vive realidades tremendas, intensay y situaciones límite. Se arroja a los hondos ríos de la vida (muchas veces fracasa en el intento de extraer sus perlas lucientes, y cuando fracasa es un guiñapo. Ustedes encontrarán ejemplos en las calles y en los bares, de poetas que se inmolaron en ese fuego) realidad muchas veces adversa y sórdida para rescatar todo lo de valioso que en ella se podría rescatar y devolverla transformada en belleza purificada. Así el poeta contribuye a crear ese mundo. El poeta es un ilusionado de la utopía.
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